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Autor Tema: EL FRUTO DEL ESPÌRITU SANTO ( 1 EL AMOR )  (Leído 826 veces)
Maca7
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Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. Èx33

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« en: 23 de Diciembre de 2008, 02:07:52 »

2. EL AMOR

La naturaleza está llena de amor, el cual se manifiesta en miles de formas. En la unión del polen con el óvulo de la planta receptora en el cáliz de la flor; en la atracción recíproca de los animales; en el amor de los animales domésticos por el hombre; en la simpatía que une a los amigos; en la atracción física de los sexos, etc.

Pero el amor como Fruto no es el amor apasionado de los enamorados, sino es un amor diferente que Dios derrama en nuestros corazones cuando nos da el Espíritu Santo.  Es un amor que el mundo no conoce. Es la clase de amor que Él tiene por nosotros que " de tal manera amó al mundo que dio a su Hijo..." Es el amor que constituye la esencia de su ser.

Romanos 5:5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Juan 3:16  Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

1 Juan 4:8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.


La característica principal de este amor es el darse. Por tanto es un amor desinteresado que no espera recibir nada a cambio. Si amamos a Dios nos damos a Él, le damos todo lo que tenemos, nuestro tiempo, fuerzas, dinero, lo damos sin que nos cueste porque al que ama no le cuesta dar.
Es un amor que se manifiesta más en hechos que en palabras. Si alguno ve a su prójimo padeciendo necesidad y no siente el impulso de satisfacerla con sus bienes, ¿cómo podrá decir que el amor de Dios vive en él? El amor de Dios nos empuja a dar y si no, no es verdadero:

1 Juan 3:16–18  En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. 

Es un amor que trasciende el plano humano, con sus tres dimensiones (largo, ancho y alto) y que tiene una cuarta dimensión desconocida por la carne: la profundidad:

Efesios 3:18  seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
La dimensión del amor de Dios es diferente por eso está más allá de la mente y de los afectos humanos. Si estamos llenos del amor de Dios, estamos llenos de su plenitud. Dios derrama su amor incluso en personas que no lo conocen o que no quieren rendirse a Él, así como hace brillar su sol sobre malos y buenos:
Mateo 5:45   para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.


Dios no es tacaño con su amor. Lo da y no exige nada a cambio. Cristo entregó su vida por nuestros pecados pero no nos exige que le amemos en recompensa. Ciertamente espera que el pecador se vuelva a Él, pero no murió por nosotros a condición de que todos le amáramos.
El amor de Dios en nosotros se comporta de manera semejante. Ama sin exigir pago. Ama porque necesita amar. El amor no puede dejar de amar, tal como el agua no puede dejar de mojar. El amor verdadero ama sin esperar ser correspondido. Dios por amor nos dio a su Hijo aun sabiendo que iba a ser rechazado.

Ese es el amor que menciona Pablo en 1 Corintios 13, que todo lo sufre, que todo lo cree, todo lo soporta, que todo lo perdona: Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

EL AMOR DE DIOS ES, POR ASÍ DECIRLO, UN AMOR NECIO, QUE NO TEME SER ENGAÑADO; QUE AMA A SABIENDAS DE NUESTRA INGRATITUD.

Al hombre le es difícil amar de esa manera. Nadie puede amar así, si Dios no ha derramado su amor en él. El amor humano es inevitablemente egoísta ya que ama pero exige ser amado. Si no pagan nuestro amor con amor, o con un gesto de gratitud, nuestro amor se resiente y hasta puede tornarse en odio.
El amor de Dios nunca se resiente cuando es rechazado o porque se le recompensa con ingratitud. Más bien se podría decir que ama más al que lo rechaza, precisamente por ese motivo, e irá a buscarlo como el Buen Pastor a la oveja perdida:

Lucas 15:4–7 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.

El amor es como la luz del sol, cuyos rayos no se ensucian al alumbrar el barro o el estiércol. Permanecen siempre puros. ¿No hay madres que aman así a sus hijos? ¿Qué los aman pese a sus defectos? Es Dios quien ha derramado ese amor en sus corazones.

¿Cuántos podemos decir que nuestro amor permanece intacto pese al rechazo?. Incluso el amor de los padres a veces se enfría si los hijos les son ingratos. Sólo el amor que Dios inspira permanece intacto. Ese es un amor que abarca a todos los hombres, no solo a los que nos aman, sino también a los que nos odian:

Mateo 5:43–45  Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.  

Es un amor que renuncia incluso a ser amado con tal de poder seguir amando; es el amor que aceptaría ser condenado al infierno si fuera necesario, con tal de salvar a otros:

Romanos 9-3  Porque deseara yo mismo ser anatema (maldito), separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

Ese es el amor que manifestó Cristo en la cruz al ofrendar su vida y afrontar el sufrimiento por el gozo de salvarnos.  Es un amor que está por encima de la capacidad humana y que solo Dios puede dar; un amor que muere a sí mismo y que prefiere el bien ajeno al propio.
Uno de los síntomas más claros de que estamos llenos de este amor es que no nos entristezcamos porque los méritos y cualidades de otro nos opacan, al contrario, nos alegremos en los méritos y éxitos de otro a quien Dios levanta. Ese es un amor que prefiere ser insultado a insultar; que no envidia, que se goza, se alegra  en la felicidad del otro; que no se jacta sino que destaca los méritos ajenos, que no se irrita ni guarda rencor y perdona. Es el amor que sufre de buena gana aun por los que lo odian:

1Corintios 13:4–6  El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;  5  no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  6  no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Es un amor que hace la vida diferente. Es el amor que se manifiesta en la fidelidad de los esposos más allá de sus cuerpos, y en la amistad de los que son verdaderos amigos; en la caridad que sacrifica la propia comodidad o el propio dinero por ayudar al prójimo:

El buen samaritano Lucas 10:25–37   Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.  Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;  y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.

La enfermera que ama a sus enfermos goza cuidándolos aunque se fatigue. Si no los ama su trabajo será para ella una carga pesada. Si los ama le será fácil. Cuando existe ese amor en el seno de una familia, sus miembros gozan de una felicidad que el dinero no puede comprar.

En la medida en que nosotros experimentemos el amor de Dios podremos darlo al prójimo. Todo lo que experimentamos lo aprendemos y podemos reproducirlo. Por eso la forma cómo nosotros tratamos al prójimo es un reflejo del grado en que hemos experimentado el amor de Dios. Nosotros amamos tanto al prójimo cuanto nos sentimos amados por Dios. El que no siente que Dios lo ama difícilmente puede amar al prójimo, por eso que existen pesonas que son muy frìas y poco epresivas hasta con sus familias. No conocen el amor de Dios y, por tanto, no pueden darlo a otros.

Al que ama no le cuesta dar, no le cuesta regalar. Dios no escatimó el costo de entregarnos a su Hijo. ¿O estaría Él calculando si valía o no la pena dárnoslo? Dios no escatima sus dones sino que nos los da sin medida porque nos ama, y por eso nos perdona sin límites.

Jesús no calculó el costo de morir en la cruz. Más bien Él ardía de deseos porque su destino se cumpliera . En el momento de la prueba en el huerto Él debe haber tenido delante de sus ojos todo lo que iba a sufrir y debe haber visto hasta qué punto su sufrimiento iba a ser en vano para muchos, cuántos lo rechazarían y se perderían y cuàntos los seguiràn negando por siempre.

Él pudo haberse negado a sufrir en vano por tantas personas, pero persistió pese a todo en su propósito con tal de salvar a unos pocos. Sólo ese amor sin límites explica su Pasión. Ese amor se manifiesta en los clavos que traspasaron sus manos y sus pies, y en la lanza que se clavó en su costado. Fue por amor que Él soportó ser herido y traspasado. Es por amor también por lo que Él soporta las heridas que nosotros le inflingimos cuando pecamos. Las infidelidades del cristiano son más crueles y más dolorosas que los clavos que horadaron sus manos y sus pies. Es su amor al que herimos cuando pecamos. Por eso debería espantarnos la posibilidad de pecar, porque pecando herimos al amor que se ha dado enteramente a nosotros.
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La Maca de Siempre
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« Respuesta #1 en: 01 de Septiembre de 2009, 10:56:22 »

Maquita qué buen Estudio Bíblico y excelente posteo...muchas gracias por compartirlo!!!


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Él pudo haberse negado a sufrir en vano por tantas personas, pero persistió pese a todo en su propósito con tal de salvar a unos pocos. Sólo ese amor sin límites explica su Pasión. Ese amor se manifiesta en los clavos que traspasaron sus manos y sus pies, y en la lanza que se clavó en su costado. Fue por amor que Él soportó ser herido y traspasado. Es por amor también por lo que Él soporta las heridas que nosotros le inflingimos cuando pecamos. Las infidelidades del cristiano son más crueles y más dolorosas que los clavos que horadaron sus manos y sus pies. Es su amor al que herimos cuando pecamos. Por eso debería espantarnos la posibilidad de pecar, porque pecando herimos al amor que se ha dado enteramente a nosotros.

Cuanta verdad encierran estas palabras...él pudo haberse negado a sufrir tremendo calvario pero no lo hizo por amor a la humanidad...lo soportó TODO sin reproches, sin quejas....siendo el único justo...el más grande de todos los hombres lo padeció TODO por Amor, saldó nuestra deuda...sufriendo y muriendo aún con los brazos abiertos en una cruz...

Su amor sí que es verdadero...no se agota, no se arrepiente, no se cansa, no se caduca...es sencillamente eterno!

Gracias otra vez Maquita por compartir este posteo con nosotros.

Bendiciones, un abrazo en Jesús!

 
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Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de el mana la vida...Prov.4:23
Maca7
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macarenacantillana@hotmail.com
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« Respuesta #2 en: 04 de Septiembre de 2009, 03:11:14 »

Gracias Corazón de Fe y Dios te Bendiga.

Hace tiempo publiqué este Estudio sobre El Fruto del Espíritu Santo, a mi me gustó muchísimo, ya ni recuerdo de donde lo tomé pero sí que cooperé agregando algunos detalles y usando un lenguaje más entendible para todos.

Este estudio consta de 10 partes, si bien recuerdo.

Muackssssss...  Te Abraza La Maca de Siempre.
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